Te levantas cansada antes de empezar el día.
Te miras al espejo y ya no reconoces del todo a la mujer que ves.
Tu abdomen se inflama con cosas que antes no te hacían nada.
La ropa que amabas hace 3 años hoy se siente como un disfraz.
Y empiezas "el lunes" otra vez… sabiendo, en el fondo, que no vas a sostenerlo.
Y lo que más duele no es el físico.
Es esa noche en la que apagas la luz antes de desvestirte… y finges que no te importa.
Es la foto familiar que evitas. El vestido que dejaste colgado "para cuando vuelva a entrar". El cumpleaños donde te sentaste atrás.
Y entre hijos, trabajo, casa y agotamiento… terminas siempre al final de tu propia lista.
Pero aquí está la verdad que nadie se atrevió a decirte:
Tu cuerpo no está roto. No te falta disciplina.
Llevas años siguiendo planes que nunca fueron diseñados para la mujer que eres ahora.